La narrativa económica argentina ha cambiado dramáticamente desde que el Presidente Javier Milei impuso la terapia de shock. La inflación mensual ha caído, el Tesoro registra ahora un superávit primario y los bonos soberanos han disfrutado de un poderoso rally. Sin embargo, bajo estas ganancias ópticas yace un equilibrio delicado que puede romperse con facilidad.
Tres fuerzas mantienen al sistema en una suspensión incómoda: un balance del banco central cargado de pasivos remunerados en pesos aún respaldados por reservas netas negativas; una economía real que continúa contrayéndose mientras la pobreza se profundiza, erosionando el capital político; y una resistencia legal e institucional que amenaza con detener reformas pivotales. Un único choque externo o doméstico podría destrozar la confianza, forzar una devaluación desordenada y revertir el frágil progreso.
Los Números
Los precios al consumidor que subían veintiún por ciento mes a mes en diciembre de 2023 desaceleraron a 1,5 por ciento en mayo de 2025. Al mismo tiempo, el Estimador Mensual de Actividad Económica mostró una contracción de cuatro coma dos por ciento interanual en abril de 2025. La pobreza se disparó a cincuenta y tres por ciento en la primera mitad de 2024, el peor nivel desde la crisis de hace dos décadas, y las encuestas indican que los salarios reales siguen sin alcanzar a los precios.
Los balances externos ofrecen escasa tranquilidad. El banco central pasó de compras significativas de divisas a comienzos de 2024 a ventas netas de aproximadamente mil setecientos ochenta millones de dólares en marzo de 2025. Las reservas netas permanecen en torno a menos seis coma cuatro mil millones de dólares, una restricción que mantiene a Argentina excluida de los mercados voluntarios a pesar de spreads más ajustados.
La Fragilidad Oculta
La ingeniería monetaria añade una capa más de fragilidad. Entre mayo de 2024 y julio de 2025, el banco central redujo el stock de pasivos remunerados de aproximadamente 32 billones de pesos a 24 billones de pesos. Sin embargo, más del sesenta por ciento de ese stock se encuentra ahora en repos overnight rescatables. Servir esos pasivos aún le cuesta al banco unos dos billones seiscientos mil millones de pesos cada mes, dinero que será impreso a menos que los superávits fiscales lo esterilicen.
Los vientos en contra legales e institucionales agravan el desafío. Los capítulos del mercado laboral del mega decreto de la administración permanecen suspendidos por las cortes federales. Provincias como La Rioja se encuentran en default externo mientras otras enfrentan rendimientos de dos dígitos. Las subas de tarifas energéticas han sido postergadas nuevamente. Cada evento erosiona los ahorros proyectados, desacelera la desregulación y eleva el costo político de mantenerse en el rumbo actual.
La Postura de The SAVI Group
The SAVI Group observará cuatro señales objetivas antes de reclasificar a Argentina de oportunidad bajo observación a oportunidad lista para el compromiso. Primero, la inflación mensual de un dígito debe traducirse en una tasa anual sostenida por debajo del treinta por ciento, respaldada por superávits fiscales continuos logrados sin maniobras contables. Segundo, las reservas netas deben volverse positivas y tender hacia la trayectoria objetivo del FMI. Tercero, la proporción de pasivos remunerados atrapados en repos overnight debe caer materialmente. Cuarto, la agenda de reforma debe sobrevivir tanto el escrutinio judicial como las próximas elecciones legislativas.
La promesa de Argentina sigue siendo vasta. Su equilibrio, por ahora, sigue siendo precario. Nuestra postura, por lo tanto, permanece neutral pero atenta con agudeza a los datos que mostrarán cuándo la prudencia puede ceder paso a la convicción.