El modelo convencional de capital privado ha generado retornos excepcionales perfeccionando una arquitectura específica: adquirir con apalancamiento, minimizar los costes laborales y desinvertir antes de que las consecuencias estructurales de esas decisiones sean visibles.
Esta arquitectura depende de que las condiciones se mantengan favorables el tiempo suficiente para que la salida se cierre antes de que la fragilidad se manifieste. Funciona bien cuando la deuda es barata, los mercados laborales absorben el desplazamiento en silencio y el período de tenencia finaliza antes de que el daño organizativo derivado de la compresión de la plantilla aflore a la superficie. Su rendimiento es deficiente cuando cualquiera de estas condiciones se invierte. En el entorno actual, las tres se han invertido simultáneamente. El modelo no está en declive por la calidad de la gestión. Lo está por su fragilidad arquitectónica: una vulnerabilidad estructural que ningún gestor que trabaje dentro de la misma mecánica puede resolver.
The SAVI Capital Model fue diseñado para reemplazar esa arquitectura. No para producir una versión éticamente más aceptable de la misma lógica extractiva, sino para construir una estructura de capital fundamentalmente distinta en la que los intereses de los inversores, el capital humano y las comunidades donde operan las sociedades en cartera estén alineados por diseño, y no gestionados como pretensiones en conflicto. El alineamiento no se expresa como una declaración de valores. Está codificado en los términos jurídicos de cada acuerdo de sociedad limitada y de cada documento de gobernanza que emite The SAVI Group, se mide a través de marcos de gobernanza de cartera definidos y se hace cumplir mediante informes auditables que no dependen de la discrecionalidad de la gestión.